El valor de la perseverancia y la paciencia (Cuento Japonés)

Leí un cuento Japonés a mis hijos, que me hizo pensar… Su título: “El Bambú Japonés”

En primer lugar, este cuento me mostró el reflejo de cómo se gesta el aprendizaje en la infancia, al igual que el bambú, un niñ@ va enraizando sus cimientos en sus primeros 7 años de vida (aproximadamente) y a partir de esa edad, se desarrolla su etapa intelectual y florece, a su ritmo, esa semilla que llevaba en su interior desde su nacimiento.

Después me di cuenta de que esto solo sucede si se dan las circunstancias adecuadas en su entorno, es decir, si los adultos que acompañan su aprendizaje, son capaces de tener paciencia y siguen cuidando el entorno de aprendizaje con cariño y expectación. Pero esto no sucede hoy día en la vida de la mayoría de los niñ@s en esta sociedad. Vivimos en una sociedad de consumo en la que priman las prisas y los resultados inmediatos, aunque se sobrentienda que debido a esas “prisas”, los resultados no son tan buenos como debieran. Pero en general se ha perdido el valor por las cosas hechas con paciencia, con esmero y con expectación pausada.

A pesar de saber que mis hijos están siendo acompañados de una forma distinta, me doy cuenta que como padres en ocasiones caemos en los miedos de pensar si realmente lo estamos haciendo bien, puesto que esta forma de acompañarlos, no nos muestra resultados inmediatos a simple vista en su aprendizaje. Pero cuentos como este me hacen recordar porqué hacemos lo que hacemos y el sentido real de la vida. Las cosas que realmente importan.

Espero que a todos los que los lean les remueva de alguna forma como hizo conmigo…

A continuación les pongo el cuento extraído del blog de Isabel Quiroz, en su apartado de Cuentos para el Alma. Y su reflexión personal…

EL BAMBU JAPONÉS 

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita sea!Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece
¡más de 30metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos-, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo… Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos…

Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué…

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…
¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…
quizá solo estés echando raíces….

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s